Por: Fredo Salas.
Cuando llegué a esta ciudad, La Paz, su nombre me pareció ficticio, una broma de mal gusto, quizá un sarcasmo de la historia. Sus más de tres mil y picos metros de altura, me elevaron a elucubraciones absurdas y banales. Luego de jalar tres mates de coca, las nubes empujadas por el viento me mostraban diversas figuras surrealistas, que mi imaginación se encargaba de moldear.Guiado por mi natural instinto de meterme en problemas, llegué al “Hostal Cannabis”, una buena combinación de refugio y antro, donde mis escuetas necesidades encajaban perfectamente. Unos destartalados asientos de combi hacían de sala de espera. No había nadie en la recepción, fue fácil olisquear que todo estaba impregnado de Cannabis, hasta yo empezaba a oler a Cannabis. Esbocé una sonrisa complaciente que me devolvió unos recuerdos, unas emociones, de las que no recuerdo haber tenido nostalgia: cosas que sólo Cannabis emana.
Toqué varias veces la puerta de recepción, ningún marciano aparecía para darme la bienvenida. Era inevitable darle tiempo a esa decoración tan interesante: un Bob Marley me sonreía con sus tanas alborotadas, una hojita de Cannabis en un fondo blanco, Einstein mostrándome su lengua traviesa, un Evo Morales autóctono y salvaje, un Che Guevara fumando en los días de la revolución, un Jesucristo diciendo peace and love con los dedos, un Bush hitleriano, un mapamundi, una lejanísima y hermosa playa. Vietnamitas huyendo calatos de su aldea; y lo que contemplé con especial atención fue un cuadro que mostraba los recortes de las incontables veces que el “Hostal Cannabis” fue noticia en esta ciudad:
“Capturan a secuestradores de empresario”.
“Abandonan a mellizos en un hostal”.
“Hostal era burdel al paso”.
Hasta fue portada del diario más importante del país:
“Narcos caen con Cannabis” (hermoso titular).
Había otras notas que relataban algo más o menos así:
“Cerca de las 10 de la noche, en la calle Las Beatas, se produjo un tiroteo entre la policía y dos asaltantes del Banco Central… La balacera cobró una víctima inocente, un ciudadano colombiano a quién solo se le conoce como Paco y se alojaba en un hostal (Cannabis) cercano al…”.
Otro, relataba algo así:
“Luego de una intensa investigación, los efectivos descubrieron… Esta organización captaba y preparaba a los burriers –en su mayoría europeos– en el Hostal Cannabis, a cuyos propietarios también se les investiga…”
Cuando terminé de leer ese periódico mural o prontuario delictivo u hoja de vida, una duda cosquilleaba mi cabeza. Justo me percaté de la existencia de un papelito amarillo que mostraba una sopa de letras con forma de poema, del que sólo recuerdo los dos últimos versos:
"Gracias Cannabis por tu mundo
porque si no vuelo, no me encuentro"
(firma) Manuel.




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