04 agosto, 2011

LA CRÓNICA, ESE ORNITORRICO

Livio Gómez

Por: Livio Gómez.
Un libro que habla sobre la crónica y él mismo es una bandada de crónicas que se codean con casi crónicas, eso es Safari accidental (Lima, 2006), de Juan Villoro (mexicano hasta lo imposible). El sello editorial que aterriza muy bien en una cabeza de alfiler es de Etiqueta Negra, Pool Producciones. Y es Julio Villanueva Chang quien estampa su párrafo epilogal como un retrato de la caracterización del volumen y del autor.
Especifiquemos el menú de la obra para abrir el apetito del lector. En un primer vistazo descubrimos el centelleo de cinco apartados temáticos. Dentro de cada uno de ellos encontramos la puesta en órbita de las crónicas y de las casi crónicas (estas últimas, según el autor, son los patos que por haber nacido "entre ornitorrincos se creen ornitorrincos").
Veamos:
El texto precedente se titula "Ornitorrincos. Notas sobre la crónica". Luego siguen:
1. Familia y multitudes: "El Libro Negro", “Retrato de grupo: cien millones de mexicanos" y "Un mundo (muy) raro ".
2. Alto volumen: "Los reyes viejos", "Supongamos que no existen los Rolling Stones", "La destrucción tranquila", "Peter Gabriel: el regreso del explorador" y "Me sentí como un burócrata de Kafka".
3. Territorios: "Berlín: un mapa para perderse", "Nada que declarar: Welcome to Tijuana", "Cosas que escuché en La Habana" y "Escape de Disney World".
4. Fetiches: "La Apple del pecado", "El mono del hombre", "Mis Universo 2000: el cuerpo uniformado", "Dramáticos placeres: el chile mexicano" y "Elogio del negro".
5. Lejos del escritorio: "Rushdie en Tequila", "Cómo salir de una botella y otras ansiedades", "El otro lado del paraíso" y "Las enseñanzas de Augusto Monterroso".
(Uno de los aleccionamientos de Monterroso que debimos haber aplicado en el presente artículo: "No elogies la brevedad: practícala. No importa que te tome más tiempo. Pascal vuelve a tener razón: se escriben textos largos por falta de tiempo para reducirlos.")
Y el texto que brilla en las postrimerías del índice lleva por título "Detrás del safari o ¿quién recupera las maletas?" Pero, para no hacerla tan larga, digamos algunas cosillas sobre lo que es para nosotros la crónica, ese género híbrido (el ornitorrinco) que se le anda escapando a las atrapaderas de la definición y a las carceletas de las clasificaciones.
Casi siempre, la realidad anda pareciéndose a la ficción para que le vean su entraña abominable o su ridículo entresijo que hace carcajear a la sonrisa. O para que se la vea más hermosa que la hermosura o más tierna que el nacimiento de la felicidad o más memoriosa que el recuerdo o más emocionada que la emoción o más verdadera que la verdad o más santa que la beatitud, pero menos fabuladora que la fábula, pero menos noticiosa que la noticia, pero mucho menos objetiva que la objetividad.
Por eso, cuando la realidad ve su cara en una crónica siente y piensa que puede sobrevivir en el planeta de la verbalización.
La crónica es un arrullar de sucesos dentro de la cuenca de la ternura, o un hervidero de filetes episódicos dentro de esa olla de presión que es la momentánea vibración del hoy o de su recuerdo.
Parece historiografía pero no es historiografía, parece reportaje pero no es reportaje, parece entrevista pero no es entrevista, parece cuento o novela pero no es cuento ni novela, parece ensayo pero no es ensayo.
Con respecto a sus mencionados ingredientes genéricos, la crónica tiene una diferencia específica de naturaleza narrativa sosteniendo su nervadura: la prosificación de la nostalgia o de la indignación (hay crónicas tan coléricas como un látigo), o de lo caricaturesco o del testimonio personal o ajeno. O la prosificación de todo ello armoniosamente distribuido en su cuerpo textual angelizado.
Y volviendo al Safari accidental de Juan Villoro, destacamos que en algunas de sus partes la sonrisa se ríe a carcajadas sin que la oiga nadie sino el silencio, ese silencio donde está concentrada la atención del lector, de ese lector que feliz recrea en su alma la vibración de esa alegría del autor.
Esa creadora y recreadora cofradía de crónicas donde el sentido del humor no deja de sonreír, ni la reflexión de reflexionar, ni el análisis de analizar, ni la crítica de criticar, también es un recuperar jubiloso, un rescate de lo que dijeron en vivo y en escrito algunos mexicanos y algunos extranjeros pensantes. Contiene citas de ellos como apuntalamientos puntualizadores sobre un miscelánico puñado de temas. Lo que dijo Octavio Paz, lo que poetizó Ramón López Velarde, lo que sentenció Jorge Luis Borges y lo que declararon otros como Mario Vargas Llosa, también con palabras memoriosas y memorables. (Por: Livio Gómez).

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