Desde aquella noche donde, cansados de criticar a las demás revistas, concebimos la nuestra, hasta hoy, cuando finalmente la parimos; muchas lunas han desfilado bajo el firmamento tacneño. La decisión de darle vida fue un acto de amor puro, una entrega al estilo “contigo, aunque sea a pan y cebolla”. No importaba las interminables horas que nos arrebataría; tampoco, el costo del papel y tinta.
Sin embargo, la emoción de saber que la criatura había anidado en el útero de nuestros deseos, no fue suficiente. Ahora, otra duda nos rompía la cabeza ¿qué nombre podíamos reservar para el futuro bebé?
Decidimos no fijarnos en el santoral. Tampoco, tomar prestado el nombre de los vecinos. Debía llevar uno que represente la esencia de lo que, como proyecto de vida, ya teníamos reservado para ella. En su ADN, cargaría con los sueños, frustraciones, amores y odios que nosotros, sus padres, arrastramos desde siempre. Así, ve la luz “El Ornitorrinco”, un espacio para garabatear nuestras historias, reflexiones, rajes. Su estampilla característica será revelar hechos verdaderos, sin ficción, crónicas, simplemente.
¿Por qué “El Ornitorrinco”?
Juan Villoro refiere que “si Alfonso Reyes juzgó que el ensayo era el centauro de los géneros, la crónica reclama un símbolo más complejo: el Ornitorrinco de la prosa. De la novela extrae la condición subjetiva, la capacidad de narrar desde el mundo de los personajes y crear una ilusión de vida para situar al lector en el centro de los hechos; del reportaje, los datos inmodificables; del cuento, el sentido dramático en espacio corto y la sugerencia de que la realidad ocurre para contar un relato deliberado, con un final que lo justifica; de la entrevista, los diálogos; y del teatro moderno, la forma de montarlos; del teatro grecolatino, la polifonía de testigos, los parlamentos entendidos como debate…; del ensayo, la posibilidad de argumentar y conectar saberes dispersos; de la autobiografía, el tono memorioso y la reelaboración en primera persona.”
Porque queremos algo de todo lo antedicho, el ejemplar que ahora, en tus manos, amigo lector, aspira sus primeras bocanadas de oxígeno; se llama “El Ornitorrinco”. Es evidente que no somos los primeros. La carátula es una muestra y, sobretodo, un tributo a quienes, más allá de nuestras fronteras, han hecho de las crónicas una delicia. Y aquí, entre los cerros tutelares de Tacna, cómo no evocar el recuerdo del maestro Guido Fernández de Córdova y de nuestro inspirador Livio Gómez. Y de quienes están entre nosotros, cómo no destacar la obra de Fredy Gambetta, Luis Cavagnaro, Oscar Vargas Romero, Oscar Panty, Efraín Choque, Reymundo Huallpa, entre otros. Tenemos fe, y estamos convencidos que lo conseguiremos.
El telón se levanta con redoble de tambores de hojalata. Jóvenes, adultos y viejos del mundillo de las letras, vengan si tienen algo que decir, estas páginas, mes a mes, con más páginas y colores, siempre estarán abiertas. Tienen licencia para vestir el ropaje y la careta del Ornitorrinco. (El Director).




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